Carta al Editor


M. en C. J. Ignacio Hernández-Carrillo

Profesor de Asignatura B Definitivo, Departamento de Anatomía, Facultad de Medicina, Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad Universitaria, México D.F., México

Estimado Dr. Melchor Sánchez Mendiola

He leído algunos de los artículos publicados en la revista Investigación en Educación Médica, en la que se tocan temas con interés práctico. Su Editorial “Los educadores en ciencias de la salud del siglo XXI: ¿trabajamos como locos (en el sentido Einsteniano)?”, me induce a reflexionar sobre la versatilidad que debe mostrar el humano actual, particularmente el profesional médico quien, además de ejercer esta profesión de manera pública o privada (como es mi caso), ejerce la docencia de manera empírica o profesional y más aún, contribuye a la generación del conocimiento también de manera empírica o profesional.

La diferencia radica en el modo del quehacer humano: apegarse o no a una metodología fundamentada en la objetividad, reproducibilidad, rigurosidad, confiabilidad, validez, expresada en lenguaje matemático y bajo el principio: “La realidad existe independientemente de la conciencia y voluntad humanas y el humano es un elemento más de dicha realidad”.

Nos falta atender la recomendación de la UNESCO: propiciar aprendizajes relacionados con el bien convivir (Pilares de la Educación, Reporte Delors), para que el quehacer humano efectivamente sea más humanitario, sobre todo durante el ejercicio de la medicina, su docencia y su investigación.

Cordialmente,

M. en C. J. Ignacio Hernández-Carrillo
Profesor de Asignatura B Definitivo, Departamento de Anatomía,
Facultad de Medicina, Universidad Nacional Autónoma
de México, Ciudad Universitaria, México D.F., México

Estimado Mtro. Hernández Carrillo,

Gracias por su carta y comentarios sobre nuestra Editorial, particularmente por enfatizar uno de los pilares de la educación descritos en el Reporte Delors “la Educación encierra un Tesoro”, Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el siglo XXI (http://www.unesco.org/delors/).

¿Cómo combinar de manera efectiva el trabajo institucional y la medicina privada, sin desarrollar síndrome de burnout, y manteniendo en ambos escenarios un nivel apropiado de competencia y profesionalismo? Un elemento importante en el currículo oculto de la Medicina en países en vías de desarrollo como el nuestro, es la necesidad de trabajar en dos o más lugares para tener un ingreso económico suficiente que proporcione una vida digna al
profesional de la salud y su familia, situación que no ocurre en otros países y que naturalmente está ausente de las publicaciones formales y los informes institucionales. Estos aspectos deben tenerse en cuenta para el cuarto pilar del Reporte Delors, “aprender a ser”, ya que lo que hacemos en la vida real es lo que ven los educandos y el impacto del modelo de rol que ejercemos es mayor de lo que imaginamos.

El “aprender a vivir juntos” y trabajar con objetivos comunes, tercer pilar de la educación descrito en el documento citado, es uno de los grandes huecos en el currículo formal, informal y oculto de las escuelas de Medicina, en donde tradicionalmente se premia el desempeño académico del individuo, frecuentemente propiciando una competencia despiadada entre los estudiantes por tener las más altas calificaciones. En la época actual, en que los resultados de las intervenciones médicas en los pacientes dependen más del trabajo en equipo de múltiples profesionales de la salud (además del médico), que del desempeño estelar de un individuo, es apremiante que desarrollemos esfuerzos para promover la educación interprofesional y el aprendizaje basado en equipo, estrategias que están teniendo un auge inusitado en varios países.

Sinceramente,
Melchor Sánchez-Mendiola
Editor

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