Checar nuestras fuentes: ¿podemos estar seguros de lo que decimos?


Checking our sources: can we be sure of what we say?
Melchor Sánchez-Mendiolaa,b

a Coordinador de Desarrollo Educativo e Innovación Curricular, Ciudad Universitaria, Coyoacán, Ciudad de México, México
b Editor Investigación en Educación Médica


«el acto de repetir erróneamente
las palabras de otro».

«Ambrose Bierce, El diccionario del Diablo»


«Muchos de los proverbios históricos
tienen una paternidad dudosa».

«Ralph Waldo Emerson»

Como seguramente les consta a nuestros lectores, soy un ávido consumidor y usuario de las citas (“quotations” en inglés). Siempre que puedo colocar un epígrafe en lo que escribo lo hago, ¡a veces con varias citas! He llegado al grado de encontrar una cita y de ahí germinar la idea de alguna editorial. No se trata de ser perezoso mental o poco original, simplemente estoy convencido que frases cortas bien seleccionadas son muy poderosas, y transmiten una historia que trasciende la brevedad del proverbio. Cuando preparamos un discurso, clase o conferencia, con frecuencia hacemos uso de las citas para puntualizar conceptos, provocar a la audiencia o, simplemente, legitimar nuestras terrenales charlas con ideas y pensamientos de los grandes pensadores de la historia (aunque con frecuencia también usamos citas por su efecto humorístico, para cambiar de tema o disparar una lluvia de ideas).

Idealmente las citas debieran identificarse al leer los textos originales de donde surgieron, aunque a veces es más fácil buscar en los libros de citas o frases célebres, o “googlear” alguna idea o autor para encontrar citas relevantes. Frecuentemente es difícil recordar en dónde se leyó alguna frase, y tenemos dificultad para identificar la fuente original con certeza, lo cual no evita que las sigamos utilizando. ¿Qué tienen que ver las citas, proverbios, adagios o refranes con la investigación en educación médica? Recientemente en una actividad académica en la Academia Nacional de Medicina de México, durante un simposio sobre la “Educación Médica para el Siglo XXI: Propuestas” ( https://youtu.be/LF3jpXOWZlE ), utilicé en mi presentación una cita atribuida a Albert Einstein que dice “Locura es hacer la misma cosa una y otra vez y esperar resultados diferentes”, para enfatizar que pasan los años y seguimos tratando de resolver con las mismas estrategias el caudal de problemas a que nos enfrentamos en educación médica, no solo en México, sino en todo el mundo. He usado esta cita en múltiples pláticas, y nunca me habían dicho que estaba equivocado.

Uno de los ponentes que me antecedió, el Dr. Luis Felipe Abreu, usó la misma cita durante su presentación, pero atribuida a Rita Mae Brown en 1983 en la novela Muerte Súbita. De inmediato saqué mi celular (¡bendito Google!) y busqué la información sobre la veracidad de la fuente, y me encontré con la incómoda verdad que he estado usando la cita de manera equivocada, ya que está bien demostrado que Einstein no dijo esta frase. Traté de controlar mi angustia, no podía cambiar mi PowerPoint en ese momento porque las diapositivas estaban cargadas en una computadora en el pódium, y continué navegando en la red para encontrar más información sobre el origen de la frase.

Resulta que existen una serie de sitios de Internet para ayudar a los curiosos a verificar la fuente de las citas y frases célebres, desde cómo investigar una cita (https://www.nypl.org/blog/2013/11/22/how-to-research-quotations), hasta lugares de “investigadores de citas” como https://quoteinvestigator.com/. Me pregunto ¿cómo puede alguien dedicar tanto tiempo y esfuerzo a este tipo de actividades?, ¿de qué viven?! El hecho es que en el sitio de “Quote investigator” viene una detalladísima descripción histórica de la cita arriba comentada, con argumentos contundentes que prueban que Albert Einstein no la dijo, y se plantea que la versión más creíble es que fue publicada por primera vez en un folleto de un grupo de “Narcóticos Anónimos” en 1981, dos años antes de la novela de Rita Mae Brown (https://quoteinvestigator.com/2017/03/23/same/). ¿Qué hacer cuando me tocó el turno de hablar en el simposio?, pensé en no usar la diapositiva en mi presentación, ya que era la última imagen, pero al final decidí hacerlo ya que el tema que me ocupó merecía terminar con el mensaje de la cita, independientemente de su autor o autora. Por supuesto que al proyectar la imagen mencioné la discordancia con el conferencista previo, y pedí disculpas a la audiencia (¡violando el principio de los conferencistas de nunca pedir disculpas!) por mi error, con la promesa de que modificaría mi diapositiva para posteriores presentaciones.

De la anécdota anterior se desprenden algunas lecciones: 1) verifiquemos siempre nuestras fuentes, no importa qué tan seguros estemos siempre es sano cuestionar la veracidad de lo que decimos; 2)utilicemos con sensatez y eficiencia la multitud de datos e información a que tenemos acceso a través de la red, si bien no es sano hacer “fact checking” en tiempo real de absolutamente todo lo que recibimos (sobre todo si lo hacemos para hacer quedar mal al ponente o profesor), herramientas como Google han transformado de manera disruptiva nuestro acceso a la información global; 3) apliquemos la práctica reflexiva y pensamiento crítico en nuestras tareas docentes y en nuestro desarrollo profesional continuo, ¡nunca debemos dejar de aprender!

En este número de la revista tenemos ocho artículos originales sobre temas diversos: evaluación de las radiografías de tórax; el cuestionario de Stanford para evaluar docentes clínicos; valores éticos en estudiantes de una universidad privada; estrategias de adaptación de estudiantes; competencia en atención primaria para manejar osteoporosis; reporte de caso de mejoría de calidad de un examen de certificación de especialistas; percepciones de estudiantes sobre la donación voluntaria de cadáveres; y la concepción del docente motivador. Además, contamos con un artículo de revisión sobre el fascinante tema de la teoría fundamentada (“grounded theory”) y algunas de sus aplicaciones en educación en ciencias de la salud.

Quisiera aprovechar esta Editorial para comentar algo más a nuestros lectores: como mencioné en la Editorial del número anterior, a partir de enero de este año Elsevier canceló unilateralmente el contrato con las revistas académicas y arbitradas de la UNAM, incluyendo nuestra revista. Lo anterior ha generado problemáticas y retos diversos que hemos tenido que enfrentar, al ya no tener acceso al gestor electrónico de la empresa y no contar con todos los servicios que ellos nos prestaban (manejo en línea del proceso editorial de los manuscritos y el arbitraje por pares, corrección de estilo, maquetación, diseño, asesoría, etc.) Para no hacer la historia larga, tuvimos que regresar a medios más “primitivos” de manejo de manuscritos y el proceso de arbitraje usando el correo electrónico, lo que seguramente generó ma-lestar, incertidumbre y problemas a nuestros autores, árbitros y lectores, que al final del día son a quienes nos debemos. Afortunadamente logramos el apoyo de la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial de la UNAM, para el procesamiento de los primeros dos números de este año, a quienes agradecemos profundamente su ayuda.

Un efecto colateral inevitable de esta transición fue el tener que repensar el financiamiento y aspectos logísticos de la revista, manteniendo la intención de continuar proporcionando un servicio de calidad y profesional, así como seguir siendo una publicación gratuita y de acceso abierto para la comunidad de estudiantes y docentes de ciencias de la salud de Latino América. Como resultado de este análisis, las autoridades de la Facultad de Medicina de la UNAM y el Comité Editorial de la revista tomaron la difícil decisión de suspender la edición de la revista impresa, por el alto costo y uso de recursos humanos institucionales que implicaba su impresión y distribución en todo el país, para seguir adelante únicamente con la versión en línea. Es un hecho que la versión en línea es el principal vehículo de acceso a la revista y sus artículos, y es a través de la red que la revista ha adquirido prestigio a nivel internacional ya que la versión impresa se distribuía solamente en México. Estamos convencidos de que este cambio será positivo y nos permitirá volcar todos nuestros esfuerzos y los recursos institucionales en mejorar la versión electrónica. No puedo dejar de agradecer con toda el alma al equipo editorial de la revista por su apoyo y trabajo en estos difíciles meses de transición, principalmente al Maestro Daniel Morales, la Dra. Teresa Fortoul y el Dr. Carlos Cirlos, quienes literalmente “echaron el bofe” para que la revista saliera en tiempo y forma, en la medida de lo posible. ¡Sin su apasionada y desinteresada ayuda un servidor hubiera terminado en el manicomio! Para terminar esta Editorial, deseo usar una cita más, en esta ocasión de Jorge Luis Borges: “La vida misma es una cita”.

Correspondencia:
Melchor Sánchez Mendiola.
Editor.
Coordinador de Desarrollo Educativo e Innovación.
Curricular, Universidad Nacional Autónoma de México,
Ciudad Universitaria, Coyoacán, México, D.F.,México
Correos electrónicos: melchorsm@unam.mx,
melchorsm@gmail.com

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